Manuel Padilla Muñoz
En su primer año de gobierno, el
alcalde de Torreón, Miguel Ángel Riquelme, fue rotundamente reprobado por la
ciudadanía. Era de esperarse, no podía ser de otra forma.
De acuerdo al Barómetro del
Centro de Investigaciones México Avanza ---organismo encuestador muy
respetable, por cierto---, el alcalde recibió, de parte de la ciudadanía, una
rotunda reprobación de 4.9 en una escala de 10; en el mes de julio había
obtenido una calificación de 5.9; la eficiencia en los servicios municipales va
a la baja; muy, pero muy al contraria a la visión del inocente gobernador Rubén
Moreira Valdés, que un mes antes había calificado a Riquelme con ¡un 10!.., lo
que demuestra la miopía del ejecutivo coahuilense que vive en un mundo irreal
pero que tenía que tratar alabar va su engendro y, de paso, tratar de vernos la
cara de tontos a los laguneros.
Pero no solamente Riquelme fue
reprobado por los laguneros. También lo fueron el presidente Enrique Peña
nieto, con una calificación reprobatoria nada honrosa de 3.9 cuando en el mes
de julio obtuvo un 5.3. El caso más grave fue el de Rubén Moreira que fue
calificado con un 3.8 mientras que en julio había obtenido 4.7. Lo anterior nos
indica que la percepción de los laguneros es también contra el PRI, que de
nuevo nada tiene y sí todos los viejos vicios y corrupción del viejo PRI. ¿Será
esto factor determinante para las elecciones de diputados federales el próximo
año?
El problema de Miguel Ángel
Riquelme es de fondo. Es un alcalde espurio. A fuerza de ser sinceros, no ganó
democráticamente la presidencia municipal pues si la elección hubiese sido, de
partido a partido (PRI-PAN), Torreón sería gobernado por el panista Jesús de
León Tello, que, lo más probable es que fuera peor. Fue gracias a la “ayuda” de
más de 4 mil votos que le proporcionaron remedos de partidillos creados por el
moreirato para que sus amigos puedan enriquecerse a costa del dinero público,
entre los que destacan Primero Coahuila, cuya familia del profesor y ex cacique
de Matamoros Jesús Contreras Pacheco succiona millones de pesos y el de la
Revolución Coahuilense del nefasto Abundio Ramírez, más conocido en el bajo
mundo del hampa política como “Ratabundio”.
Miguel Riquelme no ha sabido
legitimizarse como alcalde en un año de gobierno por la sencilla razón que no
tiene capacidad para ello y su gestión está a ritmo de los vaivenes que le
dictan su pobre imaginación y su cercano círculo de amigos y colaboradores que
buscan un raudo enriquecimiento aunque sea en forma ilegal. Vieron que en las
anteriores Administraciones sucedió así y tratan de aprovechar la impunidad que
les brindan sus cómplices en el poder. Miguel Riquelme es un burócrata que, por
azares del destino alcanzó la presidencia municipal gracias al apoyo de su
patrón, el gobernador Rubén Moreira, a quien ilusamente busca suceder en el
cargo. Pero, más que demostrado está ya que si no puede gobernar un municipio,
menos, mucho menos, el estado de Coahuila.
¿Por qué ha caído tan bajo la
concepción que de Riquelme tienen los laguneros? Ciertamente no es mera
coincidencia. Para responder a esta interrogante debemos acudir, de nueva
cuenta, al Barómetro de México Avanza, que parece ser “la voz de los sin voz”,
la de los encuestados, la voz del pueblo, que nunca se equivoca porque es la
voz de Dios. Y si se equivoca, vuelve a mandar, porque así debe ser la
democracia.
La obligación ineludible de un
Ayuntamiento es organizar y proporcionar los servicios públicos que requiere la
ciudad y los ciudadanos: seguridad pública, limpieza, alumbrado público,
educación y obras de infraestructura. Para ello pagamos el impuesto predial,
único impuesto que el municipio le está permito cobrar. En Torreón, en la
presente administración estos servicios son sumamente caros y muy, pero muy
deficientes. Los torreonenses expresaron sus calificaciones de estos servicios:
Seguridad Pública, 4.4 (4.7 obtuvo en julio): Alumbrado Público, 5.4 (5.6 en
julio): recolección de basura, 6.4 (7.8 en julio), aunque el mérito es la
empresa PASA, no del Ayuntamiento; Vialidades, 4.8 (5.8 en julio): transporte
público, 4.4 (4.7 en julio), entre los servicios más importantes. Todo a la
baja; no hay mejoría en nada. Todos los servicios en reprobación. Lo más
importante: eficiencia del Ayuntamiento, 4.5 (5.9 en julio), lo que significa
que el actual Ayuntamiento es ineficiente, no puede con “el paquete”.
Recordemos que la ineficiencia es también corrupción. En conclusión, tenemos un
Ayuntamiento corrupto encabezado por Miguel Ángel Riquelme. ¿O no?
Independientemente de los
factores nacionales que, indudablemente, han repercutido en el ánimo delos
ciudadanos mexicanos, los casos de los estudiantes asesinados e incinerados de
Ayotzinapa, de los 22 muertos de Tlataya por militares, de los casos de
desapariciones forzosas en Piedras Negras y Allende, Coahuila, de las “Casas
Blancas” de Peña Nieto y su esposa, “La Gaviota Angélica Rivera y Luis
Videgaray, secretario de hacienda, que a final de cuentas retumban contra el
podrido sistema del “viejo PRI”, hay factores locales de influencia entre los
laguneros: Aumento del impuesto predial y de todos los llamados derechos;
rehabilitar, con cargo a los ciudadanos y aumento de llamado “derecho” por
recolección de basura que, dejar de cobrarla al usuario, fue la única cosa
buena que tuvo el anterior alcalde, el nunca bien recordado Eduardo Olmos
Castro; el ofensivo “donativo” al Club Santos Laguna de Futbol por más de 140
millones de pesos en efectivo y exentarlos de pagar ningún otro “derecho” o
impuesto, lo que ofendió seriamente a los laguneros; llenar de cantinas la
periferia de la Gran Plaza, que se rumora fuertemente, pertenecen a políticos
de la anterior administración pero autorizadas por la actual, por lo que la que
sería emblema de nuestra ciudad dejó de ser un paseo netamente familiar como lo
había prometido el anterior presidente Municipal; la utilización de un grupo de
“porros”, encabezados ahora por Lorena Charlas, para reprimir a golpes a
quienes se manifiesten en la presidencia municipal contra quienes no acepten
las estupideces de Riquelme que, siendo estudiante del Tec. De la Laguna,
también fue “porro”. La memoria social recuerda que Lalo Olmos tenía un grupo
igual pero de los “temibles” de la 24, encabezados por “el caballo”. Y todavía
más, Riquelme y su pandilla nos amenaza con recluirnos en las frías celdas de
la cárcel si no pagamos impuesto predial y servicio de agua potable. El
Departamento de Vialidad (ahora, pomposamente le llaman de movilidad urbana) y
los Tribunales Municipales revientan de corrupción y pus.
Pero claro, como en todas las
cosas, existe siempre luz y sombras. En algo deben tener buenas calificaciones
nuestros “gobernantes” municipales. En hacer negocios a la sombra del poder
¡obtienen un 11 de calificación!: el contrato para renovar el alumbrado
público, a un costo de 1,300 millones de pesos, cuestionado severamente por
empresarios del ramo y organizaciones de la sociedad civil, que aseguran que el
costo real de dicha obra es de 700 millones de pesos pero se eleva a 1,300 para
cubrir el mantenimiento de dicha obra hasta que se termine de pagar el
préstamo. La licitación fue ganada por la empresa Construlita en situación no
muy clara que dejó entrever algo turbio. Miguel Ángel Riquelme jamás tomó en
cuenta a esos reclamos sociales pero tampoco clarificó el caso. ¿No es este
asunto motivo para suponer, ante la opacidad, un jugoso, jugosísimo “negocio”
para algunos funcionarios municipales? El caso del donativo en efectivo al
Santos Laguna es un caso similar. En este tipo de “negocios” sucios, nuestros
políticos municipales, desde ahora, les auguramos una calificación de 11.
Salieron más ladrones que los anteriores. O sea que estábamos mejor cuando
estábamos peor.
Lo más grave de Miguel Ángel
Riquelme es que es un autoritario. Nunca escucha siquiera a las voces
disidentes; jamás acepta una crítica. Considera que sus órdenes son divinas y
no duda en reprimir a quienes no piensan como él. La sociedad civil le vale
madre.
Desde esta óptica, consideramos
que nuestro municipio está en manos de funcionarios ineficientes y corruptos
que, alentados por la impunidad que el gobernador Rubén Moreira brinda a todo
aquel que le sirve lacayunamente esperan enriquecerse rabiosamente a la sombra
del poder municipal, como lo hicieron quienes los antecedieron. La gravedad de
las acusaciones de ineficiencias y corruptos alcanza no solamente al alcalde
sino también a regidores y síndicos sino también a jefes de departamentos.
Desafortunadamente ya no está El Chapulín Colorado para salvarnos. Y, por
favor, que no me replique Riquelme que el que acusa tiene la obligación de
probar. Lo haré con gusto si me permita acceder a toda la documentación del
Ayuntamiento.
Como consecuencia, determiné que
no voy a pagar impuestos municipales porque no quiero que ese dinero vaya a
parar a manos del equipo de futbol Santos Laguna, que son riquísimos pues el
equipo tiene un valor de 4.6 millones de dólares o a los bolsillos de pillos
metidos a funcionarios municipales..
SACAPUNTAS
“No obstante que la deuda ha
crecido, la inversión pública no lo ha hecho, lo que significa que los recursos
municipales crecientes han financiado en su mayoría la carga burocrática y no
la inversión productiva” informe de la ASE sobre deudas municipales en Coahuila
(Vanguardia 17/12(2014). ¿Así o más claro? Lo dicho, nos está robando esta
caterva de políticos que nos gobiernan-
manuelpadillaperiodista@hotmail.com
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